Opinión

12.abr.2017 / 03:53 pm / Haga un comentario

Por : Lourdes Egleé Lovera

A finales de 2012, el presidente Hugo Chávez junto a la Revolución Bolivariana mantenía una popularidad por encima de un 60%. El pueblo estaba contento con las políticas públicas implementadas por el gobierno, nuestras necesidades de salud, alimentación, educación, ropa, calzado y servicios podían satisfacerse sin mucho esfuerzo.

Esas bondades extraordinarias que se convirtieron en cotidianas, se han ido desvaneciendo paulatinamente desde mediados de 2013, precisamente, cuando el presidente Nicolás Maduro llegó a Miraflores.

Poco a poco comenzó a escasear la leche y el papel toalet, posteriormente la harina de maíz y el azúcar, más tarde el arroz, la pasta, el aceite, el café, la margarina y en los actuales momentos es muy poco lo que se puede conseguir en los supermercados, para satisfacer nuestras necesidades alimentarias.

El plato en la mesa del venezolano se ha ido transformando, ahora se come yuca con mayor frecuencia y hay quienes improvisan arepas, con la harina de crema de arroz. Es una verdadera odisea, conseguir alimentos de primera necesidad, medicinas, artículos de aseo personal, repuestos para carros, entre otras cosas…

La vida de los venezolanos, ha tenido un notable cambio.

No se tiene una idea clara de cuándo se podrá volver a comer atún de lata, arepas, arroz, pasta, queso, huevos, carne, pollo, usar champú y desodorante, porque eso depende de dos cosas que no tienen que ver con el deseo de hacerlo: conseguir lo que necesitamos el día que nos corresponde comprarlo, según el terminal de cédula y que el costo del producto no supere la cantidad de dinero disponible.

Al igual que a la mayoría de mis compatriotas, esa situación me incomoda, me genera impotencia, inestabilidad, nerviosismo, irritabilidad, frustración, arrechera y tristeza. Eso es lo que todas y todos sentimos, algunos en mayor o menor grado. Sobre todo cuando una niña o niño llora por un tetero y no hay forma de satisfacer su necesidad, ni manera de hacerle entender que “no hay tetero”, o cuando vemos desvanecer la salud del abuelo o abuela por falta de un medicamento.

Y es que nos están cobrando con hambre y hastío el hecho de haber sido leales a Chávez al escoger a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela, y ansían quebrar eso, nuestra lealtad.

Nos están cobrando con ira y desesperanza 17 años de Revolución Bolivariana, 17 años de renta petrolera para el pueblo.

Y nos están cobrando con saña, con rencor, con crueldad, con la más clara intención de hacernos daño, no importa a quien arrastren en su empeño por destruirnos, no importa si es a niños o a ancianos, a chavistas o a opositores, el castigo es para todas y todos por igual.

Pero por mucho hastío, por mucha arrechera, por mucha tristeza que pueda sentir, considero un acto cobarde salir corriendo a firmar para solicitar un referendo revocatorio a la gestión de Nicolás Maduro.

Creo que un verdadero chavista, debe luchar hasta vencer, porque el hecho de nacer en Venezuela, significa que por nuestras venas corre sangre de aguerridos Libertadores, y no de cobardes y retrógrados opresores.

Porque vivir en los tiempos en los que también vivió Hugo Chávez es un privilegio al que debemos hacerle honores

No es leal a Chávez y nunca lo fue, quien estuvo del lado de la Revolución Bolivariana en tiempos de bonanza y prosperidad y en tiempos de dificultad, corre a ponerse del lado de quien promueve y apoya la más cruel guerra económica que pretende destruirnos

Un día elegí ser chavista, porque decidí no ser esclava de lacayos apátridas del imperialismo, que sin dudar entregarán los recursos y riquezas nacionales. Como lo hacían en la cuarta república.

Amo a mi Patria Querida, no nací chavista, pero chavista muero, de pie y luchando hasta vencer o morir, si fuera necesario.

¡Chávez Vive!

¡La Patria No Se Rinde!

¡Chavistas… Tenemos la obligación moral de Triunfar!

 

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